La Economía política de la televisión en VOD

Académicos representantes de 10 países de Iberoamérica se reunieron entre el 25 y el 27 de septiembre en la New York University para realizar  la “XIV International Obitel Conference” y programar las actividades del Observatorio durante 2020. Mónica Kirchheimer y Ezequiel Rivero participaron en representación de Obitel Argentina. Aquí puede leerse la ponencia que presentaron en el encuentro.

1) Contexto del país y tendencias generales

Desde comienzos de 2018 el país devaluó su moneda local y comenzó una crisis económica y política que impactó negativamente en todos los sectores industriales. Cifras crecientes de inflación, desempleo y pobreza generaron un rápido deterioro de las condiciones socioeconómicas; un escenario que continúa en desarrollo. Con un área de 2.8 millones de kilómetros cuadrados, Argentina es el octavo país más extenso del mundo, una característica que representa un desafío en términos de conectividad. A pesar de su extensión, tiene una baja densidad poblacional (15 personas por kilómetro cuadrado, bastante debajo del promedio mundial de 50 personas), el 40% de las cuales se concentran en el Gran Buenos Aires.

Para comprender el posible impacto de la televisión distribuida por internet en la ecología de medios en Argentina, es crucial reconocer la penetración del servicio de internet de banda ancha y los dispositivos móviles, que establecen las condiciones de acceso y posibilidades de éxito de los servicios de video a demanda. Al respecto, observamos indicadores específicos como acceso a banda ancha fija y móvil; penetración de la TV de paga; suscriptores a servicios VOD y total de la población. Estos datos son relevantes en la medida que revelan las condiciones necesarias para el acceso a servicios audiovisuales en internet; el tamaño del mercado y su relación con la industria de la TV de pago. 

Un requisito esencial para el éxito de este tipo de servicios es la conexión a banda ancha fija con capacidad suficiente para soportar la reproducción de video por streaming y bajo demanda. La tasa de adopción de banda ancha en Argentina es del 17.8% y muestra un crecimiento sostenido en los últimos años. Apenas un poco más alta que el promedio de América Latina (14%) aunque lejos de los países miembros de la OCDE, donde el promedio es 30.4% suscripciones por cada 100 habitantes.

En el caso de la telefonía móvil, también se observa un crecimiento en la penetración y se trata de la tecnología de conectividad más extendida. La reducción en el precio de los teléfonos inteligentes, sumado a un mayor despliegue de la red 4G a nivel nacional desde 2014, convirtió al teléfono móvil en un dispositivo privilegiado para acceder a contenidos. Sin embargo, cerca del 70% de los usuarios de telefonía móvil son pre-pagos, el método más popular entre los segmentos de menor ingreso económico de la población. Esta situación es un factor limitante en el acceso general a contenidos de video debido al alto consumo de datos que requiere.

La alta penetración de la televisión de pago (+80% de los hogares) no parece ser un obstáculo para el crecimiento de los servicios de video a demanda (+2.1 millones de suscriptores). En este sentido, los servicios VOD funcionan por el momento como complementos antes que substitutos de la televisión de pago tradicional.

Finalmente, existen asimetrías internas entre las diferentes regiones del país debido a deficiencias en la infraestructura de conectividad, o su ausencia, en particular en las regiones más distantes de los grandes centros urbanos, lo cual impide el acceso a servicios de banda ancha fija en iguales condiciones de calidad y costo para la totalidad de la población.

Alumnos e investigadores del Department of Media, Culture, and Communication de la New York University participaron durante los tres días de la XIV International Obitel Conference.

2) Panorama sobre la industria televisiva

En Argentina, hay seis cadenas de alcance nacional: la estatal TV Pública (Canal 7) y las privadas América 2 (Canal 2); El Nueve (Canal 9); Telefe (Canal 11) y El Trece (Canal 13). En 2018, por primera vez en 50 años, se incorporó un nuevo canal de televisión abierta: Net TV del Grupo Perfil.  Durante las últimas dos décadas Telefe (Canal 11- Viacom Inc.) y El Trece (Canal 13 – Grupo Clarín) se han alternado en el primer lugar en la preferencia de las audiencias, mientras que las demás estaciones privadas permanecieron marginales, junto a la televisora pública, usualmente ubicada en el último lugar.

TV Pública (Canal 7) es la única estación que cubre la mayor parte del territorio nacional con infraestructura propia (99.5%). El Trece y Telefe cubren todas las provincias a través de la propiedad directa o mediante asociación con canales locales. Las seis cadenas nacionales transmiten su programación a través de la televisión de pago, una industria concentrada en tres empresas privadas a nivel nacional: Cablevision (Grupo Clarín), Telecentro y Supercanal. La TV Pública, creada a comienzos de los 50´s, fue el primer canal de TV de Argentina y se mantuvo siempre en manos del Estado Nacional. América 2 es parte del Grupo América Medios; El Nueve es parte del grupo internacional Albavisión, propiedad del empresario mexicano Ángel González. Telefé es propiedad de la empresa estadunidense Viacom Inc. El Grupo Clarín, por su parte, opera El Trece (Canal 13), y posee además periódicos; señales de televisión paga; la compañía de TV de pago más importante del país; el principal proveedor de servicio de internet de banda ancha y una empresa de telefonía móvil. También posee participación en la única empresa proveedora de papel para periódicos y un número significativo de empresas fuera del sector de los medios.

En los últimos cinco años, en suma, el conjunto de las señales de la televisión de pago han tenido un porcentaje de audiencia mayor a la televisión abierta. Sin embargo, en términos de rating y share, ambas modalidades de televisión lineal tradicional (abierta y de pago) están perdiendo mercado. Se estima que la televisión distribuida a través de internet, particularmente los servicios de video a demanda, probablemente estén teniendo impacto en la lenta pero sostenida caída del rating y share de la televisión tradicional.

3) Lo más destacado del año

1)  En los últimos años, los modelos de co-producción se han incrementado notablemente, involucrando a productoras independientes, cadenas de televisión abierta, señales de TV de pago, proveedores de TV paga y los principales distribuidores internacionales. Bajo este esquema, compañías locales lograron acuerdos de producción con firmas internacionales como Turner, HBO, Televisa y TNT, entre otras, para la producción de miniseries de alta calidad y altos presupuestos. Aunque estos contenidos no fueron solo pensados para ser distribuidos en internet, debido a sus temáticas, tratamiento estético y duración, resultaron productos adecuados para la ventana de exhibición online y muchos de ellos acabaron en los catálogos de diversos servicios de video a demanda. En el caso de algunos programas con altos estándares de producción, se establecen múltiples modalidades de exhibición casi simultáneas: en TV abierta, en TV de pago y en plataformas de internet. Aunque en 2018 la co-producción entre canales de cable y televisoras abiertas se redujo, la relación de los contenidos de ficción con internet se intensificó. En algunos casos, las las plataformas de grandes empresas como el Grupo Clarín (Flow) ofrecen la posibilidad de acceder a la temporada completa de una serie que está siendo emitida por la TV abierta. En suma, se advierte la profundización de una tendencia hacia la generación de proyectos diseñados desde su origen para circular en diferentes y múltiples ventanas.

En 2018, la ficción televisiva estuvo en línea con los temas de la agenda nacional: activismo feminista; aborto clandestino; identidad de género y cambio de género; exclusión y violencia. La ficción más exitosa del año, 100 Días Para Enamorarse (Telefé), desarrolló una narrativa resonante entorno al proceso de cambio de género de uno de los personas (Juana/Juan). En el marco de la ficción, se presentó información de manera didáctica en relación al tema de la identidad de género. El personaje y su madre asistieron a charlas con profesionales de la salud, psicoanalistas y reuniones en grupos de autoayuda sobre asuntos de género. El personaje de una psicóloga dicta una clase en la que explica de forma didáctica conceptos como transexualidad, género, la diferencia entre sexualidad y genero, orientación sexual e identidad de género. A su vez, se muestra con claridad el proceso de cambio de aspecto físico del personaje principal en su proceso de transición.

Por último, “El Marginal 2” (TV Pública), distribuida también por Netflix, fue una miniserie sobre la vida de un grupo de criminales dentro de la prisión. Por su temática, tratamiento estético y éxito de rating y distribución internacional se convirtió en una historia de exportación que confirma los estereotipos y lugares comunes en la representación de América Latina.

4) Tema del año: el estado de la televisión distribuida en internet

El consumo de contenidos audiovisuales en internet es dominado por la TV tradicional (37%), seguido por los servicios de video a demanda por suscripción –SVOD– (32%), –siendo Netflix el jugador principal– y YouTube (20%). Por su parte, YouTube es utilizado por el 90% de los usuarios argentinos de internet. Los contenidos no tradicionales son dominantes en esta plataforma: video lyrics,  tutoriales, etc. Sin embargo, hay un amplio espacio para los formatos que provienen de la televisión tradicional como series, telenovelas, talks-shows y otros segmentos televisivos que encuentran en YouTube una plataforma adicional de distribución.

La penetración promedio de los servicios de video a demanda por suscripción –SVOD– es cercana al 7%, considerando el total de la población del país. El número de suscriptores a este tipo de servicios está lejos de la TV Paga (+80 de los hogares). Desde 2011, tras la llegada de Netflix a Argentina, y al resto de la región, el mercado SVOD comenzó a crecer, pero a pesar de su dinamismo, aún se trata de un mercado inmaduro con amplio margen para seguir creciendo.

Entre los servicios SVOD con mayor presencia en Argentina, encontramos los “nuevos entrantes” no vinculados a los medios tradicionales como Netflix; iniciativas vinculadas a canales de TV abierta (Mi Telefe); a señales de TV de pago (ESPN Play, HBO GO); a operadores de TV paga (Flow – Cablevisión del Grupo Clarín) y a empresas de telecomunicaciones (Movistar TV). Hay además servicios de distribución de video estatales como Cine.ar Play del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y Cont.ar del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, los cuales, en términos generales, ofrecen contenidos de los medios públicos, junto con películas  series de ficción y documentales financiados por el Estado Nacional.

A pesar del amplio número de oferentes, a 2018, Netflix concentraba el 55% del mercado SVOD en Argentina con +2.1 millones de suscriptores; seguido por Claro Video (América Móvil) con 21% y Flow (Cablevisión – Grupo Clarín) con 15%. En las márgenes del mercado que deja vacante Netflix, nacieron otros servicios SVOD orientados a nichos de audiencia como MUBI o Qubit, que ofrecen catálogos más cortos y “curados” con contenidos para un público más exigente.

En cuanto al contenido, a 2019, Netflix había producido solo una serie original en Argentina (Edha, 2018), pero ha adquirido los derechos de distribución de algunas ficciones nacionales que fueron producidas originalmente para el mercado doméstico: El Marginal (TV Pública); La Última Hora (TV Pública); El Puntero (El Trece); Psiconautas (I.SAT); e Historia de un Clan (Telefe), entre otras. Por su parte, el fenómeno de las series web continúa creciendo, fuertemente apalancado por la Universidad Tres de Febrero en Buenos Aires. Estos productos encuentran ventana de exhibición en YouTube y fundamentalmente en las plataformas estatales. (Por ejemplo: Soy Ander distribuida por Cont.ar y Cinear Play).

El contenido original argentino se encuentra virtualmente ausente en el catálogo de Netflix en comparación a producciones de otros países de Iberoamérica como México, España o Brasil, donde la empresa ha sido pionera y más prolífica en la producción de contenido local. De acuerdo a un estudio realizado sobre el catálogo de Netflix disponible en Argentina (Febrero de 2019), la empresa ofrece cerca de 3000 títulos de los cuales solo el 3% corresponde a contenidos locales.

Por último, los datos muestran que por el momento, el mercado SVOD está gobernado por lo que llamamos “nuevos entrantes”, seguido por plataformas de empresas de telecomunicaciones y, finalmente, opciones de la TV de aire y de pago. Más allá del predominio de Netflix, en una lógica defensiva, es notable la presencia de jugadores de gran peso provenientes del mercado info-comunicacional tradicional (medios + telecomunicaciones). En este sentido, la expansión de la oferta se vuelve endogámica en su naturaleza, en la medida que los entrantes al segmento SVOD –canales de TV abierta, de TV de pago, operadores de TV paga y empresas de telecomunicaciones–, son mayormente las mismas empresas ya consolidadas en sus mercados de origen: Flow (Cablevisión – Grupo Clarín); Movistar TV (Telefónica), entre otras.  

Mónica Kirchheimer y Ezequiel Rivero de Obitel Argentina, en el XIV Seminario Internacional Obitel en la Universidad de New York, 25 al 27 de septiembre de 2019.

Discusión: La Economía política de la televisión distribuida en internet

Un mapa concentrado

El poder de las empresas tradicionales de medios y telecomunicaciones, junto a la regulación laxa que enmarca su acción, da lugar a un mapa de  alta concentración y hegemonía en el nuevo escenario de televisión distribuida en internet. El mapa de medios actual en la Argentina muestra altos niveles de concentración analizando las cuatro empresas líderes en cada segmento (televisión, radio, medios online y prensa gráfica). Sin embargo, si consideramos que muchos de esos grupos mediáticos líderes en un segmento específico (por ejemplo medios online) son además dominantes en TV, radio y prensa, el nivel de la llamada concentración “cross-media” es incluso más alta. La concentración “cross-media” representa el 59.24% del total de la concentración y se encuentra en manos de ocho grupos empresarios líderes: Grupo Clarín, América, Viacom Inc., Indalo, Prisa-Albavisión, La Nación, Cadena 3 y el Estado Nacional.

Es imposible analizar la concentración y flujos de información en Argentina sin poner el foco en el Grupo Clarín. La actual administración del presidente Macri (2015- ) se mostró muy efectiva en adaptar las regulaciones y políticas para satisfacer las necesidades de los conglomerados económicos más grandes del país. La creciente concentración del Grupo Clarín, en detrimento de otros medios, ha tenido además un impacto negativo en la influencia simbólica y económica de sus competidores. La excesiva concentración en los distintos sectores de la economía, prohibida por el artículo 42 de la Constitución Nacional, es particularmente perjudicial en la industria de la información y la comunicación. En este sentido, la doctrina nacional e internacional en materia de libertad de expresión, define a la excesiva concentración de la propiedad como un dispositivo indirecto de censura que viola el derecho a la libertad de expresión y el acceso a la cultura y la información diversa.

Adicionalmente, en 2018, el Grupo Clarín se fusionó con Telecom (la empresa de telecomunicaciones más grande del país) para crear uno de los tres mayores grupos empresarios de Argentina y el más poderoso en la historia local de las comunicaciones. El Ente Nacional de las Comunicaciones (ENACOM) y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), que dependen de manera directa del Presidente de la Nación, aprobaron una de las mayores operaciones de concentración económica en la historia de las comunicaciones de Argentina, en un trámite express y sin oponer objeciones significativas. A través de políticas basadas en decretos presidenciales, el gobierno debilita la institucionalidad y beneficia de manera directa los negocios de actores particulares del sistema de información y comunicación, en detrimento de un amplio rango de pequeñas y medianas empresas que no son contempladas adecuadamente por las políticas públicas.

Vieja nueva hegemonía

Los servicios VOD, desde YouTube hasta Netflix, se volvieron populares entre los usuarios, y a pesar de los pronósticos de mayor competencia y abundancia asociada con las tecnologías digitales, se observa una tendencia hacia la integración vertical de esos agentes globales y la formación de acuerdos entre los actores tradiciones del sector info-comunicacional (medios + telecomunicaciones). Desde el punto de vista de la oferta, la tendencia hacia la centralización y la integración vertical de estos grandes agentes ha generado un mercado anticompetitivo, que limita las chances para los actores de menor envergadura. Además, la intervención del Estado y la regulación no consideran las asimetrías y particularidades de los diferentes actores, como una forma de garantizar el acceso y la supervivencia de diversos oferentes en un sistema que de manera natural tiende a la concentración y la exclusión. 

En los mercados digitales, el debate tradicional en relación a la concentración de medios adquiere una complejidad adicional, porque internet permite ilimitadas capacidades de distribución y al mismo tiempo crea profundas asimetrías con la emergencia de corporaciones hegemónicas que operan a nivel regional y global. En los últimos años en Argentina, proveedores de contenidos, operadores de TV de pago, empresas de telecomunicaciones y empresas nativas de internet (del “mundo Silicon Valley”) ingresaron a este mercado digital expandiendo la oferta de contenidos. Sin embargo, se trata básicamente de las mismas corporaciones ya consolidadas en sus mercados de origen (Grupo Clarín, Telefónica), que son las que poseen el capital económico, tecnológico, cultural y simbólico que les permite reproducir su hegemonía previa en el ecosistema digital.

La necesidad de una regulación

Es importante destacar el contexto político y económico neoliberal en que estas tecnologías digitales emergieron, así como la diseminación de internet y su relación con los sistemas audiovisuales hacia finales de los años 90’s. Se observa una mirada economicista e instrumental de la cultura y de las expresiones culturales, a través de un discurso que conecta tecnologías digitales con diversidad cultural, como si se tratara de un proceso automático. Enfrentando la mitología neoliberal, muchos académicos coinciden en destacar el rol vital de los estados nacionales, tanto en el plano nacional como internacional, como reguladores, inversores y contrapesos del poder del mercado. La regulación  sigue siendo relevante en esta nueva era del digital global para remover barreras de entrada, crear estabilidad regulatoria, y al mismo tiempo generar beneficios sociales como el pluralismo, diversidad y posibilidades de acceso. Estos desafíos son particularmente relevantes en Argentina y América Latina, una región caracterizada por la desigualdad histórica y estructural.

Argentina históricamente presentó un sistema de medios comerciales centralizado en Buenos Aires, con una presencia limitada de medios estatales de baja audiencia, generalmente intervenidos por el gobierno de turno en su línea editorial. Los principales grupos de comunicación –Clarín, Telefónica– se convirtieron en grandes empresas que monopolizan casi todas las actividades en el mercado info-comunicacional (medios + telecomunicaciones) desde hace dos décadas. Los niveles de concentración no solo sobrepasan el promedio de otras regiones del mundo, sino que tienen carácter estructural y tienden a incrementarse. Paradójicamente, esta consolidación se dio a pesar de la introducción de cambios regulatorios (Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual del año 2009), que identificaron a la centralización y la concentración como un problema de política pública.

El número de servicios SVOD existentes, el volumen de capital involucrado y la creciente adopción de estos servicios por parte de la población Argentina desafía al Estado en su rol regulador, en relación, por un lado, a las condiciones de competencia en el mercado, y por el otro, a los medios apropiados para promover la diversidad cultural en los catálogos sin obstaculizar la innovación. En cuanto a la medidas regulatorias afectivamente adoptadas, se observa una intervención limitada que se restringe a la imposición de tributos, pero que por el momento no contempla otros aspectos como cuota de pantalla de contenido nacional; obligación de financiamiento de contenidos locales e independientes; prominencia de contenidos locales dentro de los catálogos; protección de las audiencias, entre otros. Las dificultades para imponer regulaciones nacionales a estos gigantes globales desde países periféricos con mercados medianos como el argentino, actualiza la necesidad de explorar nuevos abordajes que contemplen respuestas a nivel local, pero también alianzas y respuestas coordinadas a nivel de los bloques regionales.

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