Mundo blanco. El color del entretenimiento

El reciente asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco en Minneapolis, reavivó no solo el racismo subterráneo que persiste y emerge a superficie con regularidad en Estados Unidos, sino además diversas lecturas y análisis del hecho y sus derivaciones, desde distintas disciplinas. Desde la comunicación el tema podría abordarse igualmente desde sus múltiples aristas. Nos interesa aquí preguntarnos apenas por la presencia de personas negras en posiciones de toma de decisión sobre los contenidos audiovisuales que circulan en distintas pantallas a escala global. Parece un dato menor, no lo es. Es clave conocer las características (digamos) sociodemográficas de las personas que deciden a qué historias accedemos y a cuáles no. Los que eligen, seleccionan, se arrogan la representación de la preferencia de las audiencias, y de paso, controlan los algoritmos.

En 2002, el académico estadounidense Timothy Havens publicó un artículo, basado en su tesis doctoral, llamado “It’s Still a White World Out There” (Hay aún un mundo blanco ahí afuera) en el que se pregunta sobre las dificultades económicas y culturales para vender comedias de situación afro-americanas en el mercado internacional de televisión. Las menores chances de distribuir a nivel global series con protagonistas negros o temáticas afro-americanas, explica Havens, incluye la concurrencia de una diversidad de elementos, siendo una de ellas las características de las personas involucradas en las transacciones.

Para este estudio Havens entrevistó a una treintena de ejecutivos de televisión de unos 25 países alrededor del mundo y examinó las formas en que sus presunciones culturales y las prioridades económicas de las compañías que representaban se combinaban para modelar el flujo global de comedias de situación afro-americanas.

El académico concluyó que en el caso de estas comedias de situación “discursos de raza, clase y edad se intersectan con imperativos económicos de los compradores y vendedores (…) para crear un clima en el cual las series afro-americanas no se venden bien”. El autor encontró que muchos de los altos ejecutivos de la televisión responsables por la compra de contenidos que luego llegarían a las pantallas de televisión de todo el mundo, asumían la representación de las preferencias de las audiencias, sin advertir sus propios sesgos y prejuicios.  

Ya en tiempos de producción audiovisual mediada por algoritmos, Havens (2010) insiste en su artículo “Media Programming in an Era of Big Data”, que la intervención de personas (altos ejecutivos de la élite de la industria audiovisual) en el diseño de esos artefactos no cambia sustancialmente las decisiones de programación, compra y distribución de contenidos tal como históricamente se ha hecho.

Havens analiza además la forma en que fue concebida House of Cards, la primera serie original de Netflix, relativiza la influencia que se atribuye a la capacidad predictora de los algoritmos en la toma de decisiones y reinvindica el rol de los ejecutivos como custodios que deciden qué entra y que no en el circuito de producción y distribución. En efecto, ‘la serie creada en base a Big Data’ se hizo, afirma Havens, “de la forma en que los programadores de los medios comerciales lo han hecho por décadas. Los ejecutivos de Netflix tomaron los datos disponibles y decidieron sobre los contenidos televisivos que comprarían en base a sus instintos”. Visto de esta forma, pareciera que la decisiones de programación en la era digital podrían no ser tan diferentes a aquellas de los años analógicos. Las personas aún importan.

En este punto sigue siendo relevante conocer quiénes son los que mandan. Quiénes son los que toman las decisiones sobre qué comprar y por lo tanto qué colocar en pantallas y catálogos de todo el mundo, y junto con esto, quiénes son (si no es que los mismos) los que instruyen a los algoritmos. Es importante devolverle la dimensión humana y editorial que se oculta detrás de la pretendida asepsia de los algoritmos y reconocer que detrás o junto a ellos hay personas, en general hombres blancos de mediana edad, de clase alta y educados en las mejores universidades de su país.

Para responder algunos de estos interrogantes, se revisó la composición del plantel ejecutivo de cinco de las principales empresas estadounidenses productoras de series, películas y otros contenidos de entretenimiento de alcance global, junto a los ejecutivos de la Motion Picture Association, un lobby que las nuclea y representa en distintos lugares del mundo. Las empresas analizadas fueron Walt Disney Studios Motion Pictures, Netflix Studios, Sony Pictures Entertainment Inc., Warner Bros. Entertainment Inc., NBC Universal y la propia Motion Picture Association. En total se analizó un plantel de 115 ejecutivos y personas en cargos directivos, de los cuales el 69,5% resultaron ser hombres y el 30,5% mujeres. Del total, apenas se encontraron 6 personas negras (5,2%) en posiciones de alto mando ejecutivo, una cifra poco representativa del 16% de afro-estadounidenses que​ componen la población total de ese país. Hay un mundo muy blanco y muy hombre tomando decisiones clave que impactan en la dieta de contenidos que fluye de modos tradicionales o más a menos novedosos a todo el mundo. La falta de diversidad de estos elencos no es gratis y tiene su correlato (no necesariamente lineal) en la diversidad de los contenidos que nos ofrecen.

Paradójicamente, ante eventos conmocionantes como un asesinato por cuestiones raciales, el interés de las audiencias por ver contenidos que los ayuden a entender la problemática, más allá de las noticias, crece significativamente. Correlación o causalidad, según reportó la consultora Parrot Analytics en las últimas semanas luego del asesinato de Floyd, la demanda por series de Netflix con temáticas raciales como Dear White People, creció un 329% , mientras que la serie When They See Us basada en hechos reales, aumentó un 147%.

La respuesta culposa del Hollywood blanco es retirar torpemente de los catálogos, películas clásicas como Lo que el viento se llevó (1939) para días más tarde anunciar que sería devuelta, con una introducción que contextualizaría los contenidos que hoy son claramente racistas. BBC también quitó de su catálogo online la serie de humor Little Britain (2003-2005), por contener un segmento regular en que un actor blanco se disfraza de una persona negra. Esto abre una discusión espinosa que rebasa las intenciones de esta entrada, pero hay altas probabilidades de que las mismas personas blancas que construyeron aquellas narrativas elijan estos golpes de efecto para mostrar preocupación y sensibilidad por un tema que se impuso en la agenda pública. En otras palabras, hacen de la responsabilidad social corporativa una acción de relaciones públicas. Esta preocupación, a su vez, no tiene su correlato en la introducción de diversidad en el origen de la cadena: en la mesa a la que se sientan quienes toman las decisiones editoriales.

Walt Disney Studios Motion Pictures

https://thewaltdisneycompany.com/about/

Netflix Studios

https://www.netflixinvestor.com/governance/officers-and-directors/default.aspx

Sony Pictures Entertainment Inc

https://www.sonypictures.com/corp/management.html

Warner Bros. Entertainment Inc

https://www.warnerbros.com/company/leadership/divisional-executives/

NBC Universal

https://www.nbcuniversal.com/leadership

Motion Picture Association

https://www.motionpictures.org/who-we-are/our-people/

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